Bici

Humanos al suelo

Decidí esperar a escribir sobre esto porque apenas empieza el año. Había que tomarse unas vacaciones. Pero suficiente de eso.

La cosa es que hace unos días fue noticia que en Londres hay un plan de construir una serie de ciclovías aereas, que permitirán reutilizar las vías del tren que no se utilizan. Ya se hicieron por lo menos dos entradas al respecto acá y acá por dos personas cuyos textos respeto un montón, así que no les voy a hablar sobre el diseño de ciclovías como tal, sino esto pretende ser una reflexión sobre la innecesidad de este tipo de infraestructura, basado en la historia.

En California, en Estados Unidos, a principios del siglo XX, se pretendió construir una “autopista elevada” que conectara Pasadena con Los Angeles. Era una vía de cuota, así que solamente los más adinerados podían pagarla, así que falló. Para leer más al respecto uno puede ver acá. 

Después en Londres, en los 60 del mismo siglo, cuando se les ocurrió en todo el mundo que segregar peatones en el aire era lo mejor porque era “más seguro” (y más rápido para los coches) se pretendió construir algo parecido a una serie de puentes peatonales en una parte de Londres que se reconstruía después de la Segunda Guerra Mundial.

Esta serie de puentes se llamaba el “Pedway” y nunca funcionó por los motivos que ya se enlistaron en la entrada de Pedestre:

Cuando segregamos a peatones y ciclistas en vías diferenciadas en la altura, lejos de beneficiarlos los perjudicamos: los aislamos de la experiencia urbana y con ello deshumanizamos la calle. El movimiento moderno es rico en ejemplos de esto último.

Para leer más sobre el Pedway, uno puede ir acá, la entrada incluye un documental sobre este intento de la ciudad. Muy recomendable si uno tiene 40 minutos libres.

Y finalmente, la historia nos lleva a nuestra propia ciudad, donde quizá no es una red la que se propone de elevar a los ciclistas, sino en realidad unos puentes que se construyeron por allá del 2004. Poco conectados y más bien un reto para el que se siente vailente para usarlos, a lo único a lo que ayudan estos puentes es a que las personas en bicicleta no le estorben a las personas en coche. Prioridades, ya saben.

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La conclusión de esto es: los humanos nacimos a nivel del suelo, déjennos ahí. Habría que hacer a más de un ingeniero y arquitecto subir sus propios bodrios, quizá así les quedaría más claro.

Bicicleta y soluciones ad-hoc

La bicicleta se inventó al final del siglo XIX. El cambio que supuso fue enorme. Aquellos que podían comprar uno de estos velocípedos, la utilizaron para pasear por todos aquellos lugares que antes debían ser visitados a pie o en carros de tracción a caballo. Sin embargo, una vez que apareció el coche, los que alguna vez fueron ciclistas cedieron a la nueva moda y comenzaron a utilizar estos vehículos. A la vez que esto ocurría, la bicicleta se popularizaba cada vez más. Se convirtió en un instrumento de trabajo y de transporte popular, la tecnología de la bicicleta buscaba que cada una fuera ligera pero más resistente y más duradera.

Desde sus inicios, la bicicleta, a menos que esté diseñada específicamente para ese fin, no puede llevar mas que a un sólo tripulante, que es prácticamente la misma cantidad que lleva un coche en la Ciudad de México (1.2 personas por vehículo), sin embargo, la bicicleta es una máquina autopropulsada y, como epecifican Watson y Gray, este tripulante “deja el aire aún más limpio que el que se encuentra porque las partículas contaminantes que el ciclista inspira se quedan atrapadas en las mucosas que cubren los epitelios bronquiales y branquiolares”.

Comparando lo que una persona moviéndose en bicicleta necesita comer para generar el equivalente energético a un litro de petróleo, esta puede dar 400 kilómetros por litro, contra los máximo 12 que puede dar un auto, por más eficiente que sea. Por cada 25 de esos litros, una bici podría dar 10 mil kilómetros, mismos para los que un coche utilizaría unos mil litros de gasolina. Esta eficiencia energética se debe a que la bicicleta tiene un diseño que permite utilizar los músculos más potentes del cuerpo en el movimiento más fácil para vencer la fuerza de gravedad, la resistencia al aire y la fricción contra el suelo, lo cual permite que se pueda recorrer la misma distancia a una mayor velocidad con 4/5 de la energía que implicaría caminar. Además, el diseño de la bicicleta permite que pueda transportar casi 50 veces su propio peso. Por otro lado, el espacio que necesita una bicicleta ocupa no supera los 70 centímetros cuadrados, o sea, poco más de metro y medio casi lineal, mientras que un coche necesita por lo menos 8 metros cuadrados cuando está estacionado. Cuando se mueve, conforme más rápido lo hace, necesita un espacio mayor, ya que la inercia y la fuerza que necesita para frenar aumentan con la velocidad.

A pesar de su diseño, o especificidades técnicas, la velocidad de una bicicleta depende en realidad del peso de quien la pedalea, la fuerza y el terreno en el que circula. No es una máquina más potente que su operador. De hecho, es raro que una bicicleta alcance una velocidad mayor a los 20 kilómetros por hora en la ciudad. En el flujo vehicular de la Ciudad de México, a esa velocidad una bicicleta puede realizar un recorrido de hasta 8 km en un tiempo igual o menor que un coche.

Una vez que se ha cambiado la percepción sobre el coche, es necesario cambiar la percepción sobre la bicicleta y es que la distancia antes mencionada es la misma distancia a la que generalmente está el trabajo o la escuela de los habitantes de la ciudad, sin embargo no lo vemos, ya que la percepción y la velocidad a la que nos hemos acostumbrado a vivir ha alterado también la noción de distancia. Esto es observable en el hecho de que tener infraestructura ciclista no significa necesariamente un aumento en el número de viajes hechos en bicicleta. En distintas fuentes, los factores más citados que previenen a la gente de transportarse en bicicleta son la distancia de viaje, la pendiente, seguridad vial, el tráfico pesado, los conductores desconsiderados, la contaminación, el mal clima, no estar en forma y la presión social. Dependiendo de qué tan seguido las personas han utilizado la bicicleta, se reporta una variación en la disposición a utilizar la bicicleta como medio de transporte. Esto puede dar una idea de el tipo de acercamiento que se debe de tener y el tipo de políticas que se deben de generar, soluciones ad-hoc para cada uno de los objetivos que se planteen. Eso es lo que se ha hecho en las ciudades con mayor uso de la bicicicleta como modo de transporte. Dar espacio y facilitar el ocuparlo.

Bici robada

Irónico que hubiera armado un mapa de bicis robadas y nunca hubiera sido víctima de algo tan horrendo.

Se robaron mi bici ayer. Es una brompton, modelo S con tres velocidades. Verde. Sólo sé de dos bicis que existen así. Además, tiene una estampa que la hace muy reconocible, entre otros daños que la hacen fácil de identificar para mi. Se la robaron en la Roma. Si alguien ve a algún hijoeputa pedaleándola por ahí tacléelo, quítesela y llámeme (no es broma). Cualquier dato para recuperarla se agradecerá.

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La bici en cuestión es la verde del frente.

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Tiene esta estampa en el lado derecho del cuadro

Enojo en bici

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El letrero lee: Aprópiate del camino

“…Sabes que no todos los conductores son malos. Son sólo seres humanos. Sabes que tienen todo el poder. Una máquina enorme que podría matarte al instante. Pero eso sólo te enoja más. Te hace más propenso a no aceptar que te joda nadie, a defender tu territorio hasta la muerte. Al próximo que se me cierre, piensas, lo voy a putamadre matar. Si muero en el proceso, que así sea. Tal vez así lo pensará la próxima. Quizá la próxima generación tendrá un camino propio.”

Fragmento traducido sin permiso, tomado de aquí. La lectura vale mucho la pena si uno lee inglés. Si no, luego pido permiso y lo traduzco completo. Con tiempo.

Madero y las bicis

Madero, la calle del Centro Histórico de la ciudad, peatonalizada hace un par de años, con afluencias enormes de gente a todas horas del día; joya de la ciudad por su valor arquitectónico y ahora por el valor de sus rentas, se ha convertido en el lugar favorito de cuotas de detenidos de los policías.

La historia va maś o menos así: Aunque es una calle cerrada al tránsito motorizado, en ella también entran los compañeros inseparables de los peatones: los que van en bicicleta. Ni siquiera se podía entrar pedaleando, se pusieron señales de desmontar la

bici al inicio de cada una de las cuadras de esta calle. Hasta ahora, en su mayoría había funcionado; si uno empezaba a pedalear, los policías le pedían amablemente (algunas más amables que otras) que se bajara de la bici.

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Pero hace un par de meses, empezó a haber casos de gente que llegaba al centro en bici, amarraba su vehículo a alguno de los postes de luz en esta calle, iba a hacer sus cosas y al regresar se topaba con una banda de policías listo para llevarlos al juzgado cívico y/o multarlos.

El malestar creció. En redes sociales se quejaron varios. Incluso la Secretaria del Medio Ambiente está consciente del nivel de estupidez de esto.

Y el día de hoy, poco más de un mes después del incidente del tuit citado, me topé con esta nota del periódico Reforma, donde la SSP se justifica de detener/multar a los que dejen sus bicis. Los señores se basan en la Ley de Cultura Cívica, en el artículo 5 y 25 (el documento se puede bajar aquí). Lo cual es bastante ridículo. Explico:

Artículo 5.- Se comete infracción cuando la conducta tenga lugar en:
I. Lugares o espacios públicos de uso común o libre tránsito, como plazas, calles,
avenidas, viaductos, calzadas, vías terrestres de comunicación, paseos, jardines,
parques o áreas verdes y deportivas;

O sea, si uno hace desmanes en espacios públicos, es falta a la Ley. Meh, explicación básica. Pero bueno, se perdona. Veamos el otro artículo.

Artículo 25.- Son infracciones contra la seguridad ciudadana:(…)

II. Impedir o estorbar de cualquier forma el uso de la vía pública, la libertad de
tránsito o de acción de las personas, siempre que no exista permiso ni causa
justificada para ello. Para estos efectos, se entenderá que existe causa justificada
siempre que la obstrucción del uso de la vía pública, de la libertad de tránsito o de
acción de las personas sea inevitable y necesaria y no constituya en sí misma un
fin, sino un medio razonable de manifestación de las ideas, de asociación o de
reunión pacífica;

Y luego la joya de declaración que citan en Reforma:

“La SSP de DF sostiene que la calle de Madero no sólo está prohibida para los ciclistas, también para las personas que intenten caminar con una bicicleta a un costado, a pesar de que no vayan circulando sobre ella.”

¿¡Es en serio, Seguridad Pública!? ¿La ridiculez y el odio a las bicis ha llegado al grado de decir que estorban “la vía pública, la libertad de tránsito o acción de las personas” y que caminar con ellas al lado está prohibido? Estamos jodidos. Alguien explíqueme cómo coños estorba el libre tránsito una bicicleta amarrada en una calle peatonal o cómo una bici es exactamente igual que un coche según el artículo 29 del Reglamento de Tránsito. ¡Alguien explíquele a ellos!

Y bueno, el problema más grave no es ese, es un problema que va más allá de que haya o no espacios para estacionar las bicicletas (que cómo hacen falta en el centro…). Vivimos en una ciudad donde la política está haciéndose (más o menos) pensada en dar prioridad a los peatones, al espacio público y en la inclusión. Todo esto que está haciendo la SSP va en contra de todas las políticas de la ciudad… Lo que dice una Secretaria, contra las acciones de la SSP.

Entonces… yo sugiero que en lo que le jalan las orejas desde arriba, le bufen todo lo que quieran a Jesús Rodríguez Almeida en su tuiter. Míinimo abrir el diálogo y que expliquen qué demonios pasa por su cabeza cuando ordenan este tipo de cosas, viendo cómo están otras situaciones de seguridad en la ciudad.

Si eso no funciona, ya veremos qué hacemos. Pero estoy seguro que si todos se quejan mucho, su Community Manager se harta pronto y pasa el recado. La otra es que mientras algo cambia, usando la misma Ley, impriman su copia del artículo 25 y digan que estacionar su bici es un “medio razonable de manifestación pacífica”. Ridiculez se combate con ridiculez. Ni modo.

Actualización a unos minutos de que esto se publicó con otra cosa que se debe de pedir:

 

El Indio tiene razón.

Upss

Pues para este momento, el video anuncio de una aseguradora donde hacen promoción a su protección responsabilidad civil ya circuló por varios lados. En mi línea temporal de varias redes sociales muchos se quejan. Otros ya lo han llevado a lo real y se han quejado con la Procuraduría del consumidor. El community manager de la empresa ha de estar desquiciado de tantas menciones negativas que ha recibido en el último par de días.

El video en sí parece inofensivo. El mundo brillante en el cual cuando a un ciclista lo golpea un coche y explota en miles de polígonos nos hace olvidar que en la vida real eso no ocurre. Y lo preocupante es que en el imaginario de muchos automovilistas, el problema es efectivamente, tener que pagar los daños. Se les olvida que, igual que ellos, el ciclista tiene a donde ir, una familia y, probablemente, el ups del cochista, les deje aún más problemas, sobreviva al accidente o no.

Y que el video esté en youtube es lo de menos. Me preocupan más los que lo verán en cine y los que, atrapados en el tráfico verán las vallas, como la que vi ayer desde el autobús donde el mensaje es el mismo y alimentará la ya decadente visión.

La solución al problema de los coches y los seguros queda muy clara

¡Pedalean como manejan!

Este fin de semana estuvo en mi hogar un visitante de Estados Unidos que no trabaja en temas urbanos. El primer día que estuvo en la ciudad, tuvo la oportunidad de caminar por ella. No fue un tramo muy largo, fueron quizá dos kilómetros, lejos de donde yo vivo, cerca del Bosque de Chapultepec. Cuando lo encontré después de su paseo estaba sorprendido de lo rápido que la gente maneja, de lo poco que respetan al peatón y de lo anchas que son las calles. Le dije que el reglamento da prioridad al peatón pero que eso no lo saben los conductores porque no se necesita tomar un curso o pasar un examen para tener licencia de conducir, su sorpresa se convirtió en enojo.  No cabía en su cabeza que uno pudiera simplemente pagar para tener su licencia de conducir.

El enojo pasó con los días. Una de las cosas que este visitante más quería hacer durante su estancia en el DF era ir al cierre dominical y andar en bici. Le parecía fantástico que en una ciudad tan grande, con tanta gente y coches, funcionara cerrar calles cada domingo. Y de hecho, yo también pienso que la idea es genial: iniciar de la manera más amigable a concientizar a la gente sobre el uso de la bicicleta, aunque sea de manera recreativa.

Ese domingo fuimos, nos preparamos en un grupo de cuatro y partimos hacia el paseo dominical en bici por avenida Reforma. Nos tocó ciclotón, es decir, que cierran mas calles todavía para hacer un circuito que recorre una parte considerable de la ciudad. Empezamos por la colonia Condesa. Todo sucedió sin contratiempos. Avanzamos tres semáforos cuando un mini pelotón de tres ciclistas vestidos en jersey de algún equipo, con bicicletas de ruta que se veían caras, pasó a alta velocidad, rebasándonos por la derecha. Iban tan rápido que se volaron la luz amarilla del semáforo que había adelante. Ni cómo reclamarles.

Llegamos por fin a Reforma. Una avenida ancha. Un alivio, pensé. Avanzamos un poco, llegamos casi a Insurgentes. Un joven casi me choca por detrás.  Venía hablando por teléfono. A él sí le reclamé. Se ofendió, colgó y pedaleó más rápido.

Mi visitante me dijo: “wow, pedalean como manejan”. Al principio me reí. Después me enojé. Es cierto, pedaleamos como manejamos. Y si nunca nos enseñaron a manejar mucho menos nos enseñaron a pedalear. Quiero decir, en una ciudad donde no necesitas demostrar que sabes leer las señales, que conoces las prioridades en el uso del espacio o que mínimo sabes utilizar las luces direccionales, es muy poco probable que sepas pedalear.

Últimamente he escuchado muchas quejas de ciclistas que van en la banqueta. No los justifico, pero los entiendo. Son parte de un círculo vicioso un tanto triste: medio aprenden a manejar, manejan, se hartan de manejar, medio aprenden a pedalear después de muchos años, empiezan a utilizar una bici para moverse y tienen miedo de circular por el arroyo vehicular porque los automovilistas no saben manejar, circulan por las banquetas, los peatones se enojan, se enojan con los ciclistas, los cochistas y nadie hace nada. Esuróboros, la lucha eterna.

Y cuidado, con esto no quiero decir que se deba hacer un examen para pedalear una bici, sino que en el examen para conducir un vehículo motorizado, sea un requisito saber pedalear una bicicleta. Eso generará, por lo menos, un poquito de empatía de automovilista a ciclista y, en algunos casos, desincentivará que la gente maneje y hará que anden más y en bicicleta, y mejor. Quizá, poco a poco, el “pedalean como manejan” pueda ser algo positivo.

Miles de ciclistas ¿para qué?

La única vía exclusivamente ciclista durante casi tres años en la Ciudad de México, fue una ciclovía de 6.4 kilómetros en Reforma, hay que notar que esto es contando ambos sentidos, es decir, que durante ese tiempo uno podía circular en realidad 3.2 km tanto de ida como de vuelta, en una vía que además tenía todas las invasiones que uno pudiera imaginar.

Para el final de este año habrán aproximadamente 34 km más de vías que den preferencia al ciclista, las cuales no son necesariamente ciclovías –que dan exclusividad a quienes se mueven en bici-, ya que también pueden ser carriles compartidos con autobuses o con automóviles. Cabe señalar que al inicio del sexenio que acaba, se habían prometido 300 km para el 31 de diciembre. Claro, hubo una crisis en 2009, pero no importando eso, sí tendremos aproximadamente 21 km de segundos pisos en periférico, una vía rápida que pasará por uno de los pulmones de la ciudad, la Supervía, más todos los puentes vehiculares que se construyeron, además de un “Circuito Bicentenario”. Todas estas sin espacio de circulación segura para bicicletas y mucho menos con un espacio digno para los peatones.

A pesar de todo esto, de repente parece que la ciudad está inundada de bicicletas. En fechas recientes han aparecido grupos que ruedan cada día de la semana. De manera que de lunes a domingo uno puede salir a pasear en bici en esta ciudad, ya sea con calles cerradas o simplemente acompañado de más ciclistas con una ruta pre-determinada.

Sin embargo, ¿qué pasa cuando los domingos se quitan los conos que cierran las calles, o el “bici-bus”, grupo de ciclistas organizados, que sale a una ruta durante la noche se disipa y todos vuelven a sus casas? ¿Cómo hace uno para sentirse seguro circulando durante el día? ¿Es salir a pasear lo único que podemos hacer los ciclistas en la ciudad?

Claro, el simple hecho de ocupar el espacio, moverse por distintos lados de la ciudad podría parecer lo mejor para hacernos visibles, crear una masa crítica que dure unas horas es un gran principio, pero toda la energía que se genera en la masa crítica se diluye cuando esta resulta en solamente un paseo: pedalear durante un rato y luego volver a lo mismo. Volver a tener solamente una ciclovía de pocos kilómetros en una zona privilegiada de la ciudad.

No quiero decir que esté mal que los grupos ciclistas rueden. Tener una masa crítica y hacer saber a todos que las bicicletas están aquí y ocuparán los carriles que sean necesarios es algo completamente válido e importante, sin embargo, como grupo organizado, es nuestra responsabilidad tomar las riendas de a dónde queremos que se mueva no solo la rodada, sino la ciudad.

Pero parece que todavía nos cuesta trabajo organizarnos, nos es difícil dejar a un lado los egos y no perdernos en el mar de bicis. Hace unos meses se organizó una rodada cuestionando los segundos pisos, los cuales dan preferencia al auto sobre otras formas de moverse. El gobierno nos cerró el acceso para subir a ellos. Probablemente éramos 100 ciclistas. Quizá hubiera sido más difícil detener el paso de mil, pero no lamentablemente no habían llegado más, ¿por qué no hubo más? El año pasado pintamos 5 kilómetros de carril compartido para exigir 5% del presupuesto de transporte para la bicicleta. En el mejor momento hubo unas 50 personas pintando. Cuando pedimos que se oficializara, las autoridades responsables se pasaron la bolita diciendo justamente que no era su responsabilidad. ¿Qué hubiera pasado si hubiésemos sido muchos más pintando? ¿Cuántos kilómetros podríamos haber pintado y qué tanta presión podríamos haber hecho para que se oficializara el trabajo ciudadano?

Parte de la infraestructura ciclista pintada por ciudadanos organizados mediante el colectivo “Camina, Haz Ciudad”, después de que la primera fue borrada y en exigencia de que se dedique a la bicicleta 5% del presupuesto de transporte nacional.

La pregunta, el punto de todo esto es: ¿qué pasa con los ciclistas organizados cuando se trata de algo más que rodar por rodar?, ¿qué pasa cuando lo que pedimos es cambiar el paradigma y favorecer las formas de moverse que lo hacen a velocidades humanas? ¿Realmente estamos cómodos circulando en vías donde los coches pueden ir a sus anchas? Yo me he preguntado todo esto varias veces y la mejor respuesta que pude obtener fue la siguiente:

Nadie va a cambiar por nosotros lo que se necesita cambiar. Políticos vendrán y políticos irán. Habrán algunos más “amigables con la bici” que otros. Ellos viajarán más o menos cómodos en sus coches eléctricos, esperando la siguiente campaña electoral para que los que votaron una vez por ellos, lo hagan de nuevo, poniendo el foco sobre los -pocos- aciertos que tuvieron. Y al final, nosotros somos los que vivimos diariamente la ciudad, somos los que sufrimos los muchos errores, las decisiones unilaterales que representan poco a los ciudadanos. Sin embargo, esa es la noción que a veces se da de ser ciudadano: alguien que simplemente vive en una ciudad.

Utilizar la bici es una herramienta tanto de protesta por una ciudad a velocidad humana, como de calles que sean para poder detenerse en ellas y no sólo para circular por ellas. Utilizar la bici ya nos hace un poquito diferentes, el punto es ¿qué hacemos con ella? Y tal vez el problema sea que muchas veces no sabemos cómo hacer las cosas, que exigir exactamente, pero seguramente alguien más tendrá una noción. Reunirse con otros es lo mejor que uno puede hacer.

Encausar la energía de la masa crítica y tener miles de ciclistas empujando por actualizar el reglamento de tránsito o por dar presupuesto al transporte no motorizado o pintando la infraestructura necesaria cuando los que la deben de hacer no la hacen. Para todo eso se necesita energía. ¿Qué mejor que aprovechar esas múltiples rodadas de la Ciudad de México para empezar a hacerlo?

Una guía práctica al “bikewashing”

Galletas con bikewash (¡y son naturales!)

El bikewashing es el equivalente en dos ruedas del greenwashing – la práctica de hacer mercadeo de algún producto o alguna compañía usando imágenes amigables con el medio ambiente, a pesar de que el producto o la compañía carecen de amabilidad con el medio ambiente en la realidad. Los productos en las tiendas que están empacados en colores verdes y cafés y etiquetados “natural” es un  ejemplo. Las compañías petroleras promocionando su responabilidad ambiental es otra. El Lorax vendiendo coches es otra. ¿Entienden mi punto?

Conforme el uso de la bicicleta se ha vuelto más popular, ha habido un cambio en la imagen de la bicicleta que se utiliza en la publicidad. Claro, todavía hay anuncios que sugieren que eres un perdedor si andas en bici, pero hay algunos otros que utilizan las bicicletas para transmitir un sentimiento de que la compañía se interesa por los valores del transporte activo, la salud y apoyan la producción y consumo locales.

Una campaña que llegó en mi periódico local el año pasado es un ejemplo. Los anuncios (lamentablemente no puedo encontrar una imagen) mostraban a una mujer sonriente montando una bicicleta híbrida en una calle, con un texto describiendo cómo la empresa se preocupaba por la salud y el bienestar de sus empleados. No importando que las tiendas de esta compañía sean un destino supremo para ir en coche; o que depende, para su existencia, de la expansión de los ambientes más infernales y menos amigables con la bicicleta que uno se pueda imaginar, a través de los cuales transportan sus bienes en camiones y que sus clientes y empleados deben atravesar.

Al centralizar en dónde se hacen las compras a las afueras de centros residenciales, y al convertir el hacer compras en un gran esfuerzo, las compañías como ésta, ciertamente han jugado un papel primordial en la propagación de los vecindarios suburbanos y la “desbicicletización” de Norteamérica.

Otro gran ejemplo son compañías de coches usando bicicletas para vender coches. Las compañías de coches compiten exitosamente con la bicicleta para la financiación de infraestructura de transporte, y las políticas que hacen que andar en bicicleta para transportarse sea más fácil, entran en conflicto directo con las que producen demanda de coches privados. Sin embargo, una compañía ha hecho la mayoría de su trabajo conjunto con la organización Bikes Belong. Un gran lobby automovilístico ha trabajado con la League of American Bicyclists en campañas para compartir las calles, mientras activamente hacen campañas que van en contra de hacer que las calles sean más seguras para compartirse.

En resumen, el bikewashing es el uso de la imagen del ciclismo para promover un producto o una compañía como sana, preocupada por la comunidad, o simplemennte diivertida, inclusive si no es amigable con la bicicleta, y especialmente si es activamente hostil a la posibilidad de que la gente ande en bici. Mi reacción instintiva es indignación ante esta práctica, particulamente porque en muchos casos este greenwashing parece ser aceptado, incluso por promotores de la bicicleta como una alternativa para realmente cambiar las condiciones para andar en bici. Pero cuando llevé la idea a Twitter esta mañana, mucha gente comentó que cualquier aumento en imágenes positivas respecto al ciclismo es algo bueno. ¿Tú qué piensas? Sé libre de discutir, debatir y agregar tus propios ejemplos abajo. 

Escrito por Elly Blue en su blog. Traducido y reproducido con su permiso.

Activista, un tip para el cambio

Ver más allá de uno mismo. Suena fácil, porque desde pequeños nos han enseñado esta frase de “ponerse en los zapatos del otro”, pero ponerlo en práctica no es tan sencillo. Hace poco tuve oportunidad de conocer a Todd Litman, gran especialista en el tema de movilidad urbana sustentable y fundador y director del Victoria Transport Policy Institute -en la página de ITDP México se hizo una nota al respecto de su visita, por si gustan saber más de su trabajo y del por qué de su estancia en DF-. Platicando con él, hizo llegar a mi una verdad que nunca había pensado y que me hizo cambiar la perspectiva de muchas cosas con respecto a lo que hago, esta fue: un activista debe de dejar de actuar por ego si es que quiere llegar a cambiar algo.

Después de decir eso, con su inglés de acento canadiense, muy amable me explicó lo siguiente: “Algunos lo hacen por el reconocimiento, otros por sentirse bien consigo mismos, algunos por impresionar a alguien, por tener amigos, etcétera. Pero uno debe de hacer las cosas por la causa. No te quiero decir que esté mal hacerlo por las otras razones, creo que ningún motivo para hacer algo bueno es realmente cuestionable, simplemente, si alguien quiere liderar y generar un cambio verdadero, es importante poder ver más allá de uno mismo”.

Podríamos ver como el ejemplo más fácil al respecto una situación que pasa comúnmente en la ciudad: mientras nos movemos de un punto “A” a uno “B”, piense usted, estimado lector, en la forma en la que normalmente se hace esto: se puede caminar, usar transporte público, una bicicleta, auto, moto, por mencionar algunos. Ahora piense en que alguien interfiere en su camino, un peatón cruza la calle, un ciclista entra a su fila de vehículos, va lento en comparación a un automóvil, o es incluso un automóvil lento. El enojo es enorme: ¡¿por qué alguien se me aparece así?!, ¿por qué interfiere con mi auto?, ¿por qué interfiere con mi pedaleo o con mi prisa al caminar?

Creo que de eso se trata ver más allá de uno mismo y actuar sobrepasando nuestro ego. Dejar el yo, yo, yo, para pensar en la seguridad de todos. Pensar en que no solo el diseño adecuado de la infraestructura hará una calle más segura, también la educación propia nos hará respetar al que va lento frente a nosotros, igual que a cualquier otro que pedalee, maneje o circule en el transporte público. Poder lograr lo que Todd Litman me dijo, ver las cosas más allá de uno mismo, se puede dar justamente en esta situación: probablemente no sabremos nunca por qué esa persona se cruzó de esa manera o va a tal velocidad, y eso no necesariamente nos corresponde, sin embargo, lo que sí nos corresponde es cuestionar: ¿por qué lo que yo estoy haciendo es más importante que lo que está haciendo el otro?

Previamente aparecido en Transeúnte